Un nuevo paradigma para la cooperación internacional en el Ecuador

Carolina Viola – Ms. Política Internacional y Derechos Humanos. Ecuador

Revista Cooperamos No. 4


La crisis que afecta el planeta golpea las estructuras del sistema internacional y pone en duda la validez del concepto de desarrollo que ha guiado por décadas la política de cooperación  internacional a nivel global, así como las instituciones que han alimentado este discurso.

Hoy, no estamos solo enfrentando una crisis económica y financiera, estamos delante a una crisis multifacética, resultado de la “combinación  e interconexión de siete crisis que conforman la crisis global: económica, ideológica, energética, alimentaria, medioambiental, democrática, de hegemonía” (Tortosa, 2011:66). Estamos viviendo una crisis profunda que cuestiona la base ideológica que sustenta la visión de desarrollo. Ese “fantasma del desarrollo” inalcanzable, que le ha quitado el sueño al Sur y ha justificado la aplicación de azarosas recetas a lo largo de nuestra historia reciente.

La crítica de Aníbal Quijano al concepto de desarrollo, impuesto por el patrón de dominación colonial en América Latina, nos recuerda que a lo largo de la historia el “Desarrollo ha sido un término de azarosa biografía…. Desde la Segunda Guerra Mundial ha cambiado muchas veces de identidad y de apellido, tironeado entre un consistente reduccionismo economista y los insistentes reclamos de todas las otras dimensiones de la existencia social. Es decir, entre muy diferentes intereses de poder y ha acogido con muy desigual fortuna de un tiempo a otro de nuestra cambiante historia” (Quijano, 2000:11).

Si nuestra meta no es el desarrollo lineal, unidimensional y reduccionista, impuesto por ese patrón de dominación colonial Norte-Sur, la cooperación se queda sin apellido y hay que darle nuevos significados, llenarla de contenidos nuevos y plantear nuevos paradigmas. Es necesaria una política de cooperación que ponga nuestro Norte en el Sur.

La crisis de la cooperación internacional

Los países del Sur atraviesan hoy un contexto favorable para redefinir su rol en el concierto internacional. Sin embargo, este nuevo abanico de oportunidades demanda asumir retos y responsabilidades.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha anunciado que la cooperación de los principales donantes a los países en vías de desarrollo ha caído alrededor de un 3% en el 2011, rompiendo con la tendencia de incrementos anuales que se mantenía desde 1997. Algunos socios importantes para el Ecuador como España registran recortes que alcanzan el 32,7% (OCDE, 2012).

En este escenario el Ecuador, en consonancia con los vientos que soplan en América Latina, busca superar la visión de la cooperación internacional como fuente de fondeo del presupuesto nacional –la cooperación internacional representa hoy el 0.77% anual del PIB, y en media, el 2,82% del presupuesto nacional del Estado– y avanzar hacia una visión de la cooperación como herramienta de política exterior e instrumento eficaz para fortalecer el proceso de integración de los pueblos de América Latina y el Caribe.

Si bien las dificultades que atraviesan nuestros socios europeos conlleva la progresiva disminución de los recursos que destinan a países como Ecuador, considerados por la OCDE como de renta media, esta situación nos incentiva aún más a fortalecer y construir nuevas relaciones de cooperación enriquecedoras e integradoras desde el Sur y para el Sur. Este nuevo enfoque de la cooperación implica introducir nuevos esquemas de cooperación más amplios e incluyentes, que tengan en cuenta las especificidades y diferencias del Sur Global y el potencial que tiene éste para afrontar de manera novedosa los retos que hoy enfrenta la sociedad global.

En este contexto, es necesario preguntarnos si las instituciones que han sustentado el sistema de la cooperación internacional norte – sur son las más idóneas a enfrentar los nuevos retos de nuestros tiempos. También es fundamental empezar a cuestionar la aceptación ciega que han hecho nuestros países de un modelo de desarrollo que ha revelado ser “maldesarrollador”[1]. Por maldesarrollo entendemos la insatisfacción estructural de necesidades básicas: en vez de bienestar, ha traído pobreza, inequidad y desigualdad; en vez de libertad, ha traído represión, marginación y una escasez de democracia; en vez de identidad, se ha acompañado de procesos de colonización interna, nacionalismo y fundamentalismo; en vez de seguridad, nos ha condenado a la violencia, las guerras civiles y el terrorismo (Tortosa, 2011:49).

Esto nos lleva a repensar el paradigma de la cooperación, y cuestionarnos la validez de sus estructuras. La situación actual y las transformaciones del sistema internacional requieren una nueva gobernanza para la cooperación internacional que tenga en cuenta los aportes de los países del Sur, y en particular de América Latina y el Caribe como proveedores por excelencia de bienes públicos globales ambientales, fundamentales para el equilibrio del planeta. En la región, esto implica avanzar hacia nuevas plataformas políticas que permitan cuestionarnos las metas del desarrollo regional a partir de nuevos paradigmas que puedan dar respuestas a los retos de nuestro tiempo.

Una política de cooperación internacional para el Ecuador

El Ecuador ha impulsado desde el 2009 una Agenda Soberana para la Cooperación Internacional. Esta agenda pasa tanto por un posicionamiento soberano y crítico a las estructuras de poder anacrónicas e ineficientes, así como por avances a nivel normativos, de gestión y procedimientos a nivel interno.

La base de una cooperación internacional soberana implica la definición de políticas claras que definan ¿Qué? y ¿Para qué? la cooperación internacional en el Ecuador.  Es así que el Ecuador ha construido una política de cooperación internacional anclada a cuatro pilares fundamentales: la Constitución del 2008, que fija las bases de las relaciones internacionales y el régimen del Buen Vivir como objetivo de desarrollo nacional, el Plan nacional para el Buen Vivir, que define las metas y las estrategias enfocadas a este fin, el Sistema Internacional de Derechos Humanos, como base transversal de nuestro accionar y los instrumentos y declaraciones internacionales relativos a la cooperación internacional.

La política de cooperación del Ecuador busca dar respuesta a la crisis del apellido de la cooperación, introduciendo el concepto del Buen Vivir como meta del Estado ecuatoriano, para construir una sociedad más justa en la cual los seres humanos podamos coexistir en armonía y equilibrio con la naturaleza.

La crisis del concepto de desarrollo conlleva la crisis de las instituciones que lo han promovido, por esto, es necesario sancionar la denuncia a la gobernanza de la cooperación internacional y la necesidad de avanzar hacia una nueva arquitectura eficaz, legítima, justa, transparente y con capacidad de adaptación a una realidad compleja.

La creciente importancia de la cooperación Sur - Sur como herramienta de política exterior idónea a promover la integración latinoamericana y caribeña nos lleva a priorizar su impulso y a consolidarla como una estrategia fundamental para la cooperación en el Ecuador.

La demanda de una mayor participación y horizontalidad a nivel internacional se reflejará en una gestión descentralizada de la cooperación internacional, buscando así alcanzar una mayor equidad territorial y respetando el principio de subsidiariedad.

La crisis ecológica que afecta el planeta se atribuye principalmente al Norte global, que con sus hábitos de consumo insostenibles y la pretensión de dominar la naturaleza han puesto en peligro la sobrevivencia de la humanidad. Es por esto que nuestra política demanda la promoción de los principios de corresponsabilidad y justicia ecológica, así como el reconocimiento de la deuda ecológica de los países del Norte con el Sur.

El Ecuador ha asumido la responsabilidad de atender las demandas de servicios básicos por parte de la población, destinando presupuestos adecuados para ello. Es por esto que la cooperación internacional en el Ecuador debe dar un salto cualitativo y enfocarse en la transferencia tecnológica y de conocimientos, que apoyen la transformación del patrón de especialización de la economía, a fin de mejorar la productividad para satisfacer las necesidades básicas de la población, sin explotar a las personas y a la naturaleza.

El salto cualitativo implica también utilizar el potencial de la cooperación para fortalecer las relaciones comerciales, así como apoyar la búsqueda de nuevos mercados apoyando la estrategia de inserción soberana del Ecuador en el sistema mundo.

Una cooperación soberana debe además liberarse de las condicionalidades que demandan la adquisición de bienes y servicios de los países cooperantes disminuyendo los impactos positivos que podrían tener esos recursos cuando se adquieren bienes y servicios del país receptor. Por esto, se introducen también una serie de políticas de enfoque técnico, relacionadas con la gestión misma de la cooperación: utilización de sistemas nacionales de planificación, finanzas, compras públicas y el involucramiento de las instituciones nacionales con la finalidad de garantizar la sostenibilidad y la plena apropiación por parte de las instancias encargadas de hacer la política pública en el Ecuador.

La política de cooperación internacional del Ecuador es parte de la estrategia para afrontar la crisis de la cooperación internacional y de las instituciones desde una perspectiva nacional. Busca llenar a la cooperación de aquellos contenidos políticos que han sido negados en nombre de los tecnicismos que nos han llevado a olvidar que las causas de la pobreza y el subdesarrollo son políticas y forman parte de la estructura de un sistema económico y político internacional asimétrico, inequitativo y excluyente. Por otro lado, cuestiona el modelo de desarrollo impuesto por el patrón de dominación colonial, para dar pasó a la introducción de nuevos conceptos que buscan reenfocar la relación del hombre con la naturaleza, que nos permitan corregir las estrategias maldesarrolladoras que han llevado a la crisis compleja y multifacética que hoy afecta, con diferente intensidad temporal y espacial, a nuestro planeta.

Bibliografía:

Tortosa, José María (2011) Mal desarrollo y Mal vivir. Pobreza y violencia a escala mundial. Ediciones Abya Yala. Quito, Ecuador.

Quijano, Anibal (2010) “El Fantasma del Desarrollo en América Latina”. En: El desarrollo en la Globalización. El reto de América Latina. Coord. Alberto Acosta.

SETECI (2012) Informe de Cooperación Internacional no reembolsable en el Ecuador 2010-2011. Quito, Ecuador.

SETECI (2012) Políticas de Cooperación Internacional en el Ecuador. En fase de publicación. Quito, Ecuador.

OCDE (2012) “Development: Aid to developing countries falls because of global recession”. Disponible en: http://www.oecd.org/document/3/0,3746,en_21571361_44315115_50058883...

Disponible en:http://www.seteci.gob.ec/index.php?option=com_content&view=arti...

[1] El término fue utilizado por primera vez en un artículo de Sugata Dasgupta “Peacelessness and Maldevelopment” de 1968, y después por diferentes autores entre los que se señala a Samir Amin. En este artículo, lo desarrollamos a partir del trabajo reciente de José María Tortosa (2011) “Maldesarrollo y Mal Vivir”.

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Tags: Ecuador, cooperación, de, desarrollo, políticas

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